El Mundo

12 junio, 2018

Escraches en el templo del saber

Carta abierta al Magnífico y Excelentísimo Rector de la Universidad de Barcelona, Sr. Joan Elias:

El pasado jueves, una turba de totalitarios reventó en la Universidad de Barcelona una conferencia sobre Cervantes en la que debía intervenir, entre otros ponentes, el historiador Ricardo García Cárcel. Los asistentes, convocados por la asociación Sociedad Civil Catalana, fueron insultados, amenazados y zarandeados por un centenar de camisas pardas que, al parecer, detentan la potestad de autorizar o vetar las actividades que se celebran en la universidad en la que usted ejerce como rector. Frente a semejante hostigamiento, por cierto, el órgano de gobierno de la UB tan sólo tomó una medida, la única, por cierto, que no debió haber tomado: suspender la conferencia ante la imposibilidad [sic] de garantizar la seguridad de los participantes. Ni que decir tiene que ello, además de adolecer de una indisimulada cobardía, obró el efecto de envalentonar a los matones, que vieron así cómo el uso de la fuerza rinde beneficios inmediatos. De lo que se sigue que, además de cobarde, fue un mandato negligente, pues no sólo posterga el problema, sino que lo multiplica.

La dirección de SCC ha explicado que habían reclamado al rectorado la presencia de los Mossos d’Esquadra para que el acto se pudiera desarrollar con normalidad. Mas usted, rector, desoyó la petición para “no pasar la línea roja de autorizar la entrada de los mossos”. La renuencia de la comunidad universitaria a que la policía no profane el templo del saber pudo tener sentido durante el franquismo, a fin de preservar lo que de ínsula de libertad pudieran tener las universidades. Hoy es un vestigio intolerable, pues impide precisamente el ejercicio de la libertad de expresión, con la particularidad de que los damnificados siempre son asociaciones, de estudiantes o no, que no simpatizan con el nacionalismo catalán. Prueba de ellos son las continuas agresiones y campañas difamatorias que vienen sufriendo, de un tiempo a esta parte, los miembros y simpatizantes de Jóvenes de Sociedad Civil Catalana en la UAB, un asunto que yo misma he llevado al Parlamento Europeo.

Como Miembro del Comité Cultura en Parlamento Europeo, lamento que nuestras universidades (no se trata de un problema privativo de Cataluña) no protejan con el debido celo la libertad de asociación y expresión, ni reconozcan la importancia del asociacionismo juvenil como ámbito de desarrollo personal, como semillero cívico que favorece, además, la adopción del principio de ciudadanía activa, militante. Si aspiramos a que nuestros jóvenes se sientan verdaderamente representados por las instituciones, tanto en España como en la Unión Europea, es preciso que todos, cada uno desde su parcela de poder, debemos blindar su libertad, y si es preciso hasta sacralizarla. Ahora bien, el primer paso para ello es despojarles del miedo, no abandonarlos a su suerte invocando usos y costumbres predemocráticos.

Publicado en El Mundo el 12 de junio de 2018