Ok Diario

14 junio, 2018

Un intento fallido de copiar a C’s

Han querido montar un gobierno a la Ciudadanos y no les ha salido. Apenas ha transcurrido una semana desde que Pedro Sánchez formara un Gabinete en que alternaba aciertos como Nadia Calviño o Teresa Ribera con sospechosos habituales como Carmen Calvo (“el dinero público no es de nadie”) o Margarita Robles (cuyo indisimulado cesarismo había tenido paralizada la formación del Ejecutivo, pues la ex portavoz del grupo en el Congreso quería para sí un superministerio de Justicia e Interior, como en los tiempos de su mentor, Juan Alberto Belloch); aún estábamos celebrando, en suma, la elección de Pedro Duque como ministro de Ciencia y tratando de comprender la de Màxim Huerta como ministro de Cultura, cuando el viejo PSOE, el de la España como concepto discutido y discutible, el de la nación de naciones —una bicicleta de bicicletas, terció en su día, al hilo de semejante ocurrencia, Fernando Savater—, ha demostrado que la mera copia no sirve.

La diferencia entre este Gobierno y un hipotético Gobierno de Ciudadanos ha quedado clara desde las primeras horas. La planta crece en la tierra adecuada y esta apertura al liberalismo moderno post ideológico era cosmética. De nada sirve entregarle a Borrell la cartera de Exteriores si, a la que vuelve a respirar el aire del “progreísmo” —nunca del “progresismo”—, le admite a la periodista de La Sexta Ana Pastor que el día en que habló de la necesidad de desinfectar las heridas antes de suturarlas, se excedió. ¿Acaso su admirable Las cuentas y los cuentos de la independencia no ha sido el más eficaz desinfectante frente al superpatógeno ‘Espanya ens roba’? En cuanto a Meritxell Batet, basta decir que su discurso respecto al nacionalismo no difiere en absoluto del que plantea Podemos, empezando, claro está, por el insulto que supone situar en pie de igualdad al Gobierno de España y al de la Generalitat.

El diálogo, que en boca de Batet y sus compañeros del PSC adquiere un valor de sortilegio, puramente gemmanierguista, lo justifica todo, por mucho que la otra parte haya reiterado que no va a ceder un milímetro en su pretensión de construir la república catalana. Esto, perdonen, es algo que causaría a Ciudadanos un inmediato choque anafiláctico. Un rechazo inmunitario total. No, no pueden. Si no, en lugar de perseverar en la única estrategia que ha surtido efecto, esto es, la firmeza política y judicial, el Gobierno de Pedro Sánchez no se entregaría a las artes de la seducción, como si a la Cataluña separatista el mundo le debiera algo y, sobre todo, como si el Estado tuviera deuda alguna con un movimiento esencialmente supremacista.

Por favor, si un dicho merece el frontispicio de la política es “la cabra tira al monte”. Anteayer fue la reforma de la Constitución —asunto, como se sabe, que motiva los desvelos de la inmensa mayoría de la población—; ayer, el acercamiento de los presos; hoy, la quita de la deuda. Si la moción de censura nació de una alianza con populistas, marxistas, antisistema, separatistas o nacionalistas hematófagos no fue por una mera, aunque reprobable (vedada también por motivos alérgicos a Ciudadanos), trapacería oportunista. Es porque en ese zoco de ideas trasnochadas el Psoe, y no digamos el Psc, se sienten bastante más confortables de lo que quieren aparentar. Los últimos movimientos del Psoe y del PP no han tenido más objetivo que para el manifiesto ascenso de Ciudadanos. Pero Ciudadanos nació porque hace falta. Y sigue sin haber un sustituto en el mercado.

Publicado en Ok Diario el 14 de junio de 2018