ABC

24 diciembre, 2017

Sobre el independentismo de buena fe y otras ficciones

A Carlos, Horacio e Iván in memoriam

Los resultados de las elecciones autonómicas catalanas pulverizan de una vez y para siempre el mito del nacionalismo de buena fe. Desde el 21-D, ya no es posible sostener, ni siquiera como conjetura sociológica (en puridad, como wishful thinking) que esos dos millones y pico de secesionistas son víctimas de un engaño masivo. No. Esta vez sabían la verdad. Habían asistido en primera persona al colapso de la economía, la fuga de empresas, la caída del turismo, la fractura social, la suspensión de la actividad parlamentaria… Y ni siquiera esas evidencias les han infundido un soplo de sentido común. Aspiran, exactamente, a reactivar un movimiento cuyo efecto conocido es la ruina económica, la quiebra social y el naufragio moral. Una región con peligro de desprendimientos.

Otro mito que ha tocado a su fin es el del tercerismo y su ristra de sortilegios: encaje, acomodo, plurinacional, reforma… No hay equidistancia posible entre la Constitución y quienes son proclives a quemarla en público. De hecho, el triunfo de Inés Arrimadas, que ha protagonizado una campaña ejemplar, se ha fundamentado en un discurso tan sensato como enérgico, bien entendido que al nacionalismo no se le convence, se le vence.

Por lo demás, saludo la presencia en el Parlament de Nacho Martín Blanco, que accede al escaño como número 6 de Ciudadanos y nos brindará, estoy convencida de ello, intervenciones de altura en su labor de opositor.

Yo, aunque en la distancia, también voy a empezar a ejercerla. Negando para empezar que la República haya derrotado al 155, según proclama Marta Rovira. No, la victoria en escaños del independentismo no supone la suspensión del 155 ni de ninguna otra ley, y a ella deberá atenerse en lo sucesivo quien gobierne en Cataluña. A sabiendas, claro está, de que el camino a Ítaca conduce en realidad a Estremera.

Publicado en ABC el 24 de diciembre de 2017