18 enero, 2018

Brexit o el peligro de los referéndums

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El pasado 23 de junio, los ciudadanos británicos decidieron por un escaso margen (absurdamente escaso ante la resolución que se tomaba) salir de la Unión Europea. El referéndum, con un 52% de votos a favor, estuvo marcado por una campaña alimentada por la exaltación de los peores sentimientos que pueden mover a las personas.

Como tantas veces hemos visto en nuestro país, España, los políticos nacionalistas dijeron a los ciudadanos que su independencia y su libertad estaban siendo secuestradas. Que su bienestar y su riqueza estaban siendo administradas por extranjeros que las malgastaban o que las robaban. Que su vida sería mucho mejor sin compartir y que abandonar al resto de los europeos les iba a garantizar, cómo no, un futuro dorado, sin estrecheces ni sobresaltos.

A lo largo de estas últimas semanas hemos visto como la realidad se está imponiendo evidenciando la imposibilidad de desentenderse de los vecinos en un mundo fuertemente interconectado. Las consecuencias no han hecho más que entreverse: Theresa May ha asumido el cargo de primera ministra en sustitución del dimisionario David Cameron; las denuncias por actos racistas han aumentado un 57% tras el referéndum según la policía británica y más de 4 millones de personas han firmado una petición para que el Parlamento Británico discuta la posibilidad de celebrar un segundo referéndum.

Pero además, el ‘brexit’ marca el inicio de un periodo de gran incertidumbre por cómo serán a partir de ahora las relaciones entre las economías del Reino Unido con Europa y también la de los británicos con el resto del mundo. Antes y después del polémico referéndum, diferentes economistas y entidades han expresado sus temores y han publicado estudios sobre el impacto de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. La mayoría de ellos coinciden en determinar que las consecuencias económicas del ‘Brexit’ serán negativas, en primer lugar para la economía británica pero también afectará directamente a otras economías en función del grado de interdependencia que las vincule al Reino Unido.

Los expertos prevén una caída de medio punto del PIB
Los expertos prevén, a corto plazo, una caída del PIB de la economía británica de medio punto en 2016 y 2017. Estas cifras, junto a la incertidumbre de los próximos meses, se reflejarían en un menor nivel de inversión, en consecuencias negativas sobre el comercio internacional, sobre el empleo, sobre los ingresos y el gasto agregado y también un incremento de las restricciones financieras. Es decir, la demanda doméstica se verá reducirá a la vez que aumentará la inflación a raíz del encarecimiento de los bienes importados por la depreciación de la libra esterlina, tal y como se apreció en las bolsas con una importante caída tras conocerse los resultados de la votación. En el caso de España, destacan las importantes relaciones en el ámbito comercial, de turismo, de inversión y la exposición bancaria con la economía del Reino Unido. Por ejemplo, tomando como referencia el año pasado, las exportaciones al Reino Unido representaron el 7,3% del total para España mientras que las importaciones constituyeron el 4,6%.

Y en cuanto al turismo, los turistas procedentes del Reino Unido son el 23% del total en el caso de España, ocupando la primera posición del ranquin. Así que, pensar que el ‘brexit’ no tendrá consecuencias sobre el futuro individual de la Unión Europea y sobre España sería un error: habrá consecuencias, para nosotros y para el resto de economías del mundo.

Esto me lleva a reflexionar sobre la importancia de los referéndums. A menudo se sacraliza la realización de estas consultas, considerándolas como la máxima expresión de la democracia pero existen referéndums que “los carga el diablo”, como dice el refrán. Y para muestra un botón: el presidente de Hungría, Janes Ader, anunció hace unos días que el próximo 2 de octubre se celebrará un referéndum en el que los húngaros podrán decidir si aceptan o rechazan las cuotas de reubicación de refugiados acordados por la Unión Europea.

En este caso la consulta, de dudosa legalidad ya que las cuotas fueron aprobadas por mayoría cualificada por los 28, no simboliza para nada el ejercicio de la democracia sino que pone de manifiesto la absoluta oposición frontal del ejecutivo de Víktor Orbán a las políticas migratorias de Bruselas y la voluntad de utilizar a los ciudadanos para justificar sus objetivos políticos.

La única consecuencia positiva, que también la habrá, será el baño de realidad que se irá haciendo patente a raíz del ‘brexit’: los nacionalistas de otros países que tengan tentaciones similares deberán tener en cuenta que ahora los ciudadanos han experimentado la importancia de su voto en un referéndum y las consecuencias que éste puede tener, con lo que ejercerán su derecho con un mayor conocimiento de causa.

Como expresó Guy Verhofstad, presidente del grupo al que pertenezco (ALDE) en el Parlamento Europeo, el Reino Unido ha de aceptar la responsabilidad de sus errores. En un momento de incertidumbre como el que estamos viviendo, el mensaje debe ser lo más claro posible y la aplicación del artículo 50, el que establece los pasos para que un país pueda retirarse de la Unión Europea, no debe retrasarse ni un día más de lo debido.

Debemos acabar con esta incertidumbre y ponernos a trabajar para hacer una Europa aún más fuerte. Sólo si nos mantenemos unidos podremos sacar adelante una Europa unida, desde un punto de vista económica y de progreso, pero también desde un punto de vista ético.

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