19 noviembre, 2017

De Pinker a Pasolini

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El pasado día 23 de octubre la periodista Cayetana Álvarez de Toledo entrevistó para “El Mundo” en Londres al psicólogo cognitivista Steven Pinker, canadiense, de origen quebequés y profesor en la Universidad de Harvard. Pinker, aunque mucho narciso en camiseta no lo sepa, es uno de los intelectuales de mayor prestigio mundial. Ha escrito textos tan afamados como “El instinto del lenguaje”, “¿Cómo funciona la mente”?, el fundamental “La tabla rasa”, el imprescindible “Los ángeles que llevamos dentro” donde muestra cómo los niveles de violencia en nuestra sociedad del siglo XXI han caído pese a las frecuentes noticias en contra.

La periodista Álvarez de Toledo hizo una buena entrevista a Pinker en la habitación de su hotel londinense mientras el sabio buscaba un calcetín. Mientras en Londres diluviaba, la grabadora de la periodista acertó a recoger frases como ” a los progresistas no les importa el progreso”, “hoy lo que define la percepción del mundo son los titulares y las anécdotas” o “hay una equiparación absurda entre el pesimismo y la sofisticación. Los pesimistas son considerados más serios y moralmente superiores. Un pesimista parece que quiere ayudarte; un optimista, venderte algo”. Cierto que la naturaleza humana tiene un sesgo negativo porque somos muy sensibles a las pérdidas. Luego está la “ilusión cognitiva”: las cosas malas suelen ocurrir de golpe: un atentado, por ejemplo. En cambio, las cosas buenas, como el aumento de la esperanza de vida, se producen lentamente. Todo esto se lo contaba Pinker a la periodista de “El Mundo” en Londres horas antes de viajar a Bruselas para intervenir en el Parlamento Europeo en un debate sobre “inteligencia artificial” dentro del proyecto Euromind, que organiza Teresa Giménez Barbat. Esa misma noche el profesor de Harvard compartió una agradable velada en la vieja Bruselas con varios colegas e intelectuales españoles. Pinker es un hombre accesible, educadísimo y muy atento a todas las cuestiones que se le plantean. No deja una sola interpelación sin responder de forma prolija y documentada. Aquella noche aclaró que tal vez fuese cierto que las noticias pesimistas en la prensa también hiciesen mejorar el mundo al igual que las positivas, que es uno de sus intereses más vivos; también, demócrata convencido, contó que el populismo se había instalado en la presidencia de su país y que en su próximo libro tratará con profusión el peligro de los demagogos y de los populismos y nacionalismos. El libro se titulará “La ilustración hoy día: razón, ciencia, humanismo y el progreso” y sale en castellano en Navidades. Es hermoso que este mundo de eslóganes y lugares comunes acuñados por catetos y zoquetes alguien reivindique la ilustración como ejemplo a seguir para alcanzar un mundo mejor.

Pinker no es un gran orador.

Es un hombre t e m p l a d o , aquietado, ágil mentalmente y profundamente comprometido con su postulado de que es el conocimiento científico y no la ideología quien debe estructurar el progreso y el mundo.

Un autor que es capaz de escribir “La tabla rasa” merece todos mis respetos. “La tabla rasa” (2002) es el más fiero y documentado escrito sobre la sociedad intelectual que surgió del mayo del 68 y que adoptó el camino fácil del “constructivismo social” para contarse el día a día antes que levantar una sociedad sólida basada en principios emanados del razonamiento y los postulados científicos. Pero el prestigio de muchos intelectuales está encamado con mantras ya insoportables, como el de que “la verdad no existe” u otros lemas tan sentimentales que se escuchan a menudo en estériles polémicas. ¡ Cuántos hay que ni siquiera levantando los adoquines y viendo que no había playa han dado marcha atrás en sus posiciones ! Pocas palabras han acabado siendo tan desastrosas para el progreso como aquella “utopía” que tantos quisieron tanto. Esperamos que el próximo trabajo de Pinker dé noticia de las pérdidas y el sufrimiento social causado por quienes han defendido el “modelo estándar social” bajo el que se cobijan los defensores de la “tabla rasa”, del “fantasma en la máquina” o del “buen salvaje”. O sea, idealistas, románticos y empiristas. El poder político que adquirieron ciertos intelectuales les hizo asimilarse rápidamente con los intereses de quienes les contrataban.

Es lo que Julien Benda llamó “la traición de los clérigos”, o sea, la traición de los intelectuales que al ideologizarse se olvidaron de que la primera de sus funciones es seguir buscando la Verdad aunque ello comprometa su ideología. Pinker también ha leí- do a Benda, según le contó a Álvarez de Toledo, mientras llovía a mares sobre la avenida…

Pinker quiere recuperar ese tipo de intelectual, esa revolucionaria forma de pensar que surgió en el siglo XVIII y que dinamizó la mayor parte de las mejoras sociales que disfrutamos hoy día.

De vuelta a casa, el 19 de octubre, y tras haber disfrutado del debate de Pinker con Bentley, Metzinger y compañía, comencé a leer “Cartas corsarias” de Pasolini, un lujo de análisis sociológico y de integridad personal. A Pasolini lo mataron en 1975 mientras escribía “Petróleo”, donde denunciaba los intereses de los magnates en la Italia de los 70. Tipos como Pasolini, Cristopher Hitchens, George Orwell, Cyril Connelly, Montanelli, etc. Benda estaría contento ante este rosario de clérigos que no traicionaron su oficio. Y me dio por comparar a Pasolini con Pinker. Hacía tiempo que vengo diciendo que necesitamos más Pasolinis, más intelectuales valientes y no políticos vanidosos, paranoides y oportunistas.

Porque el mundo ya no se divide entre izquierdas y derechas; ese mundo bipolar se fue al guano tras la caída del muro de Berlín aunque muchos sigan soñando con San Ernesto de la Higuera o con revoluciones rojas. Allá ellos. El mundo ahora se divide entre reaccionarios o ilustrados. Entre defensores del progreso o quienes lo atacan: populistas, nacionalistas, identitaristas, etc.

El intelectual del futuro habrá de hacer frente a mantras gravemente arraigados en el tejido social. Por eso necesitamos a pensadores con la entereza, la honradez y la capacidad oratoria de Pasolini y con la clarividencia y la sistematización científica del conocimiento de Steven Pinker, el hombre que hizo astillas una “tabla rasa” que durante décadas ha humillado al ser humano y limitado su desarrollo. Ya en casa, esa noche apenas pude conciliar el sueño tratando de dilucidar quién ha hecho más por sus contemporáneos ¿Pinker o Pasolini?

Escrito por: Juan José Martínez Jambrina.

Publicado en: El Faro De Vigo.

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