19 noviembre, 2017

El miedo moviliza más para el voto que la ilusión

20170627_153634-768x576[1]

El foro de debate científico Euromind, de la eurodiputada Teresa Giménez Barbat, y el centro de cultura CLAC, han clausurado este martes 27 de junio en el Parlamento Europeo el último evento del ciclo Razón y Emoción. Unas conferencias que tratan, según su organizador, el prestigioso neurocientífico Ignacio Morgado, “la influencia de ambos procesos mentales en aspectos cotidianos de la vida social como el amor, el arte o, en este caso, la política”.

Según constató Barbat, “los humanos somos unos animales políticos, tal y como lo eran los homínidos”, pero, ¿qué es más influyente en este proceso, la razón o la emoción? Es más, se pregunta Morgado, “¿acaso es posible separarlos?”

Según el neurocientífico, “la emoción la origina el cerebro inconscientemente ante un estímulo externo y altera el sistema nervioso. El sentimiento, sin embargo, se origina cuando el cerebro se entera de esta alteración y se hace consciente de ella”. En el cerebro, la razón y la emoción, destacó Morgado “no están separadas”. La razón puede influir y controlar la emoción, pero necesita tiempo. En cambio, la emoción es instantánea y por eso nos empele a hacer cosas de las que quizás más adelante, racionalmente nos arrepentimos. “La emoción sola es como un coche sin frenos”, afirmó Morgado.

En el caso de la política, aseguró Enrique Echeburúa, doctor en psicología por la Universidad Complutense de Madrid, “en principio, parece que hablamos de un terreno racional, pero últimamente no es así, porque los políticos dicen y hacen todo tipo de cosas para que la gente les vote por razones emocionales”.

Unas razones emocionales que se pueden convertir en peligrosas si están en manos de fanáticos. Echeburúa aseguró que “el fanatismo ofusca la razón” y provoca que una persona deje de sentir empatía por el que piensa diferente.

Los fanáticos, además, “tienen una certeza absoluta de lo que piensan” y “pretenden convencer a los demás de estas ideas, pero para hacerlo sin sentirse culpables, acaban deshumanizando a los que no piensan como ellos”, afirmó.

Las emociones movilizan

Sophie Lecheler, profesora de comunicación científica y política en Viena, destacó que cada vez más “se está estudiando la influencia de las emociones en política”. Según sus investigaciones, mientras las emociones positivas provocan que la gente se movilice y participe más en la vida social, las negativas lo que hacen es aumentar la movilización electoral. “Se vota más por miedo o por enfado que por ilusión, en cambio la ilusión hace que la gente done más dinero o participe de forma activa”, aseguró Lecheler.

Miriam Tey, fundadora de CLAC, afirmó que “para nuestra organización es un orgullo estar en la sede de la soberanía europea” y agradeció a Teresa Giménez Barbat que “apueste por la cultura y la ciencia para que la política se desembarace de cosas emocionales que son necesarios pero que a veces tan peligrosos”.

Leer en El Catalán »

Sobre el Autor

Entradas relacionadas

Dejar uncomentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *