19 noviembre, 2017

Europa dividida

Cada vez que un país europeo se enfrenta a una cita electoral su sociedad se presenta fraccionada en dos partes casi iguales. Sucedió en Austria, país que repitió elecciones presidenciales. También, con el Brexit. Algo parecido sucedió en las últimas elecciones autonómicas catalanas y, aunque no lo parezca, pasó en Francia. El alivio por la victoria de Macron oculta que la sociedad francesa esta fraccionada en dos partes. Por un lado, los indignados de ambos extremos, defensores de la autarquía económica y cultural, desconfiados de sus semejantes y exigentes de un Estado protector. Por el otro, los votantes de los partidos sistémicos y de Macron, proeuropeos, reformistas y ansiosos de dejar de pagar elevados impuestos. La visita de Macron y Le Pen a la factoría de Whirpool es una muestra de esta división irreconciliable. En toda Europa, los resultados electorales reflejan una profunda brecha. Vecinos con visiones del futuro diametralmente opuestas. Ni socialdemócratas ni cristianodemócratas, que han dominado la política europea desde hace 80 años defendiendo el Estado del bienestar, han evitado esta brecha, que no para de crecer. En definitiva, han fracasado creando unas sociedades que los Estados mastodónticos no pueden sostener. Han formado a ciudadanos centrados en la protesta resignada. Macron ganará, quizás por menos de lo previsto, pero afortunadamente ganará. El problema es que esa victoria esconderá la fractura social y la desesperanza de millones de franceses que gritarán a favor de una opción terrible condescendiente con la Francia colaboracionista y nostálgica de la Europa enfrentada consigo misma. Macron vencerá como contra a Le Pen y de una Europa a la defensiva, sin relato, ni proyecto sólido más allá de la contención de los radicales de un extremo y otro.

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