19 noviembre, 2017

Feministas de género: atentando contra los Derechos Humanos

Constaté mis sospechas sobre la naturaleza alienígena del Parlamento Europeo cuando en 2016 escuché al propio Juncker hablar sobre la consternación de líderes marcianos por el referéndum del Brexit en un pleno. No advertí entonces ni el más ligero pasmo en el rictus de un solo eurodiputado. No fue por seguidismo con el jefe, sino porque, en efecto, sí parecen existir los terrícolas parlamentarios. Uno de ellos es Teresa Giménez Barbat, eurodiputada del grupo liberal europeo, e impulsora del proyecto Euromind Forum. Un dedo acusador frente a la corrección política cuando ya creíamos la garra política entumecida y arrodillada en el bolsillo de sus señorías. Pequeña, insolente y soliviantada tribuna frente a las trincheras levantadas por el consenso político como el feminismo de género. Una Bioideología socialista practicada por mujeres feroces y disfrazadas de justicia social. Mujeres adoptando el patrón maltratador. Como el del puño en alto que cae, de ellas también parece imposible escapar. Por su inmunidad. Por su posición de fuerza lograda gracias al chantaje, al subsidio y la coacción vía administración pública.

Mujeres contra otras mujeres por no ser suyas. ¿Mujeres que hablan de progreso e igualdad queriendo convertir al resto en minusválidas jurídica, físicas y emocionales? Y para sus víctimas Barbat imaginó un pequeño remanso dentro del Parlamento el pasado martes. Sustituyendo consigna e ideología por ciencia, humanismo y datos reales. Invitando a los más prestigiosos científicos del campo médico: Susan Pinker, psicóloga encargada de exponer sobre las diferencias sexuales y la brecha de género. Elseline Hoekzema, investigadora encargada de exponer sobre los cambios en el cerebro durante el embarazo de la mujer. Rob Whitley, investigador sobre psiquiatría social encargado de la ponencia “suicidio masculino, la epidemia silenciosa”. La Asociación GenMad y colaboradores entre los cuales tuve el honor de figurar. Criminólogos, maestros, periodistas… tuvieron “la culpa” de convertir el remanso de Barbat en un arsenal de evidencias incontestables e inopinables contra la ideología destinada a construir en cadena clientela electoral y personajes indolentes y voluntaristas.

Resulta imposible resumir tanta evidencia en tan poco espacio, pero como muestra contaré que la única feminista de entre todas las invitadas que acudió al evento saltó sobre la silla y volvió sobre sus pasos de camino, éxodo de la credibilidad y la base argumental al terminar las exposiciones. Pinker trató sobre la paradoja de género explicando que, a pesar de que hay una brecha salarial las mujeres dicen que son más felices que los hombres. Por ejemplo, el 85% de las mujeres capacitadas prefieren elegir carreras con capacidad de autonomía en las que respeten a aquellos para los que trabajan. Priorizan otros factores por encima del salario debido a que, gracias a su elevado nivel de oxitocina en comparación con los hombres, éstas buscan trabajos en los que, además de su preparación, pueden establecer como ventaja su mayor capacidad de empatía. ¿Por qué las depredadoras feministas no citan algunas de las profesiones en las que hay muchas más mujeres que hombres? A nivel europeo, el 96% de las carreras relacionadas con la lengua son mujeres. El 83% copan el campo de la clínica psicológica. El 83% del sector veterinario está también integrado por mujeres. En el de la pediatría suponen el 75%. También son el 75% el de la educación a todos los niveles. El 70% de los trabajadores que realizan servicios para la comunidad son mujeres. Las mujeres también suponen el 65% de aquellos que integran el campo de la medicina familiar.

Rob Whitley puso negro sobre blanco en lo relativo a la violencia más allá del género desvelando datos aterradores: de los 58.000 suicidios anuales en la Unión Europea, 43.000 son suicidios de hombres. Y de entre sus tres causas, muchos son provocados por situaciones de divorcio o separación, por causas económicas, por el favoritismo judicial y por la demonización masculina que, además, ya se está legalizando en forma de leyes y asignatura ad hoc en la educación por la presión de las asociaciones feministas y de género con tentáculos en los partidos de ideología marxista e hiperventilados con dinero público a través de éstas. Acabar con el feminismo de género es misión obligada para aquellos que respetemos los DDHH. Acabar con la asimetría penal y anticonstitucional que esta ideología propugna a través de los 106 juzgados encargados de juzgar a hombres en exclusiva. Nuevos tribunales de excepción prohibidos en el punto 6 del artículo 117 de la Constitución española y que un día podrían sentenciar a nuestros hermanos, parejas, padres e hijos. ¿Vamos a permitirlo?

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