21 julio, 2017

¿Hay espacio en un país como España para un partido como Ciudadanos?

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Las señales están ahí. Albert Rivera es el líder político más valorado por los españoles, pero su partido es sólo el cuarto del Congreso por detrás de PP, PSOE y Podemos. Los mayores de 46 años y los jubilados valoran muy positivamente a Rivera y a Ciudadanos, pero no les votan. Ciudadanos tampoco cuaja entre los desempleados y los españoles con estudios básicos. Su imagen percibida es la de un partido burgués, elitista y de profesionales urbanos de clase media.

Hay más problemas. La voluntad pactista a derecha e izquierda de C’s no cuadra con un momento político en el que triunfa la polarización provocada por los populismos de ambos bandos ideológicos. El centro-izquierda que parece querer ocupar C’s es percibido por los españoles de izquierdas como territorio derechista y por los españoles de derechas como indefinición y acomplejamiento. Por si fuera poco, su implantación en comunidades clave como Galicia o País Vasco es muy débil.

En realidad, el liberalismo progresista al que pretende adscribirse C’s jamás ha sido una ideología mayoritaria en España. Por no mencionar que el de liberal sigue siendo un calificativo tabú en la España de 2017.

¿La dificultad para consolidar partidos de centro en España es, en definitiva, coyuntural o estructural? ¿Hay clientela suficiente en España para una oferta como la de C’s o su techo electoral es el de los partidos bisagra clásicos? Politólogos, sociólogos y periodistas parecen coincidir en una idea básica: C’s casa mal con el sectarismo habitual del panorama político español.

TERESA GIMÉNEZ BARBAT (ESCRITORA Y EURODIPUTADA DE ALDE)

Ni C’s ni UPyD fueron creados para ser partidos de masas, sino para influir fuera del espectro de lo políticamente correcto y del cambalache entre partidos. La igualdad de derechos y libertades de los ciudadanos, desde los gobiernos locales hasta las instituciones europeas, era fundamental. Y eso desde un pensamiento postideológico, fomentando políticas basadas en los hechos y en la experiencia (hubo mucha ingeniería social ya en el siglo XX), con una comprensión desde el pensamiento científico de la naturaleza humana y de los fenómenos sociales, y con el convencimiento de que el relativismo moral es corrosivo para la buena marcha de la sociedad. Todo esto cuesta de explicar porque sus resortes son menos emocionales (aunque no siempre). Si esto se mantuviera firme, C’s podría fidelizar a una parte suficiente de la población para ser un partido estable.

JORGE BUSTOS (PERIODISTA)

Yo no le veo el misterio. La minoría menos considerada en democracia no es la vegana ni la intersexual, sino la racional. C’s es un partido antidogmático, antiideológico, pragmático, cuyo programa mezcla ideas tomadas por derechistas -impuestos bajos, unidad de España, adelgazamiento administrativo- y por izquierdistas -vientre de alquiler, complemento salarial, simpatía LGBTBI-, lo cual desconcierta a los amantes de las cosas claras y las identidades fuertes, que forman la mayoría absolutísima de toda nación, no sólo de España. Esto de que en política elegimos con la cabeza es una falacia monumental científicamente ya desmentida.

Rivera es atractivo pero frío, y su falta de radicalismo en ningún aspecto calienta muy poco al votante-consumidor del espectáculo político. Para mí lo noticioso es que mantenga e incluso mejore ligeramente los tres millones de pragmáticos que desconfían de la convicción reformista de PP y del PSOE. Es todo un éxito.

JUAN CLAUDIO DE RAMÓN (ENSAYISTA)

Sociológicamente, España está escorada a la izquierda. Eso significa que electoralmente sale muy rentable empotrar al adversario en la derecha. Es un truco barato y pernicioso, pero funciona. Ante muchas propuestas de C’s que podrían ser muy avanzadas, como el contrato único, a PSOE y Podemos les basta con decir que son de derechas para descalificarlas sin entrar a debatir su mérito. C’s debe ser inteligente y no cometer ningún error táctico que facilite generar la percepción de que están a la derecha del espectro, porque ciertamente ahí no están.

EMILIA LANDALUCE (PERIODISTA)

Se empeñan en estar en eso que nadie sabe muy bien qué es, que es el centro. Me dirás: “Se definieron como liberales pero se empeñan en elevar la presión fiscal (con impuestos como el de patrimonio y sucesiones, claramente confiscatorio)”. En realidad a Albert rivera, que es un chico como de Nuevas Generaciones del PP, le da vergüenza encabezar un proyecto ideológico que no sea hueco y se base en esas frases tan cargantes (¡Esas puertas giratorias! ¡Ese capitalismo de amiguetes!).

También tienen un problema de personal. Han absorbido a gente rechazada por los dos partidos. Es decir: abunda la mediocridad. Y luego me parece que no comprenden que gran parte de sus votantes proviene del PP desengañado del rajoyismo (y lo bueno es que ahí tienen una base importante de votantes que nunca va a volver al PP no ideológico de Rajoy) y cometen errores como el de apartar a Girauta (el más brillante) o el intento por seducir al nacionalismo moderado.

Me gustaría añadir que los trajecitos de Rivera son muy disuasorios.

MANUEL ARIAS MALDONADO (PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA)

1. Los españoles son muy dados a valorar a quien no votan, curiosidad que dice mucho por sí sola de (A) la poca coherencia del votante y (B) su escasa flexibilidad ideológica. A favor de esta última tesis juega el hecho de que C’s destaca -al menos extramuros de Cataluña- entre los partidos nuevos, y en realidad entre todos ellos, por ofrecer una identidad poco antagonizadora, poco feroz, y esto disminuye las satisfacciones emocionales -o de tribu- que suelen derivarse de la identificación partidista. Su votante natural parece ser un swing voter y de estos, aquí y en todas partes, hay pocos.

2. Obviamente, el socio-liberalismo -o el espacio liberal de centro- que C’s representa ha sido siempre débil en España, y acaso en todas partes (ahí está la fuerza intermitente del FDP alemán o de los Lib-Dems en UK). Y eso no ha cambiado, ni parece que vaya a cambiar.

3. El votante del PP se resiste a ser capturado por C’s, aunque no pocos de ellos lo han sido.

4. No es una razón, sino un comentario: quizá ya les va muy bien y no estén tan lejos de su potencial, sino que lo hayan realizado.

LUIS DEL PINO (PERIODISTA)

C’s se ha desdibujado, quién sabe si definitivamente, por la confluencia de dos factores: de un lado, el acuerdo de facto entre PP y PSOE ha empujado a los dos partidos tradicionales hacia el centro, dejando sin hueco a C’s en el eje tradicional izquierda-derecha. De otro lado, los acuerdos de C’s con PP y PSOE en diversos lugares y ocasiones han acabado con cualquier posibilidad que tuviera de posicionarse como un partido antiestablishment. El resultado de ambos factores es que C’s es ya un partido innecesario y, por tanto, prescindible.

CRISTINA SEGUÍ (ANALISTA Y ARTICULISTA POLÍTICA)

El votante de derechas liberal que permitió la implementación de C’s fuera de Cataluña ha asistido atónito a la entrega de los naranjas al consenso socialdemócrata durante los once meses de negociación electoral. Se convirtieron en esa pareja que al día siguiente podía amanecer impredecible, amenazando con hacer las maletas para irse con otro. Sufren de los males de toda formación centrista: indefinición y la bipolaridad ideológica antepuesta a una sociedad consciente y defensora de sus pasiones ideológicas. Se han abrazado a la corrección política. Son estética. Pachuli de diplomacia.

C’s ha sucumbido al pánico al no entrar en el mainstream político aceptando el chantaje de la ideología de género, la imposición de UGT y CC.OO., y la cultura socialdemócrata de la compra de votantes mediante complementos salariales. Su determinación de luchar por la despolitización de la justicia se ha ahogado en fútiles peticiones de comisiones de investigación. El milagro de Rivera se ha convertido en política para la Súper Pop. Ya no son osadía contra el PP y el PSOE. Son el miedo a desaparecer de sus contubernios corriendo por los pasillos.

GREGORIO LURI (FILÓSOFO)

El elector es narcisista y necesita que su voto le reporte una imagen narcisista de los suyos. C’s ofrece una imagen gerencial.

IGNACIO PEYRÓ (PERIODISTA)

No creo que conseguir tres millones de votos pueda considerarse un fracaso -pensemos que C’s, en un espacio ideológico no tan distinto, ha llegado a triplicar a UPyD-. Es verdad que en las encuestas ha podido haber espejismos, quizá porque el votante de C’s es políticamente más activo. Su discurso, alternativo y a la contra, pero dentro de los márgenes de la institucionalidad, es de gran eficacia en tiempos de crisis o de erosión de los partidos tradicionales; sin embargo, pierde mordiente en la competencia de unas elecciones. A la vez, los nuevos partidos han conocido un envejecimiento rápido, con lo que han perdido una cierta frescura que jugaba a su favor. Por otra parte, la mejora de la economía desactiva el voto de cambio. Curiosamente, el votante percibe a C’s como un partido situado cada vez más a la derecha, flanco bien cubierto por el PP. Asimismo, creo que C’s todavía parece más una plataforma personalista y, como muestra el caso de Rivera, no es lo mismo caer bien que generar confianza.

JORGE SAN MIGUEL (POLITÓLOGO Y RESPONSABLE DE COMUNICACIÓN DE C’S EN EL CONGRESO)

Lo primero es que niego la mayor: C’s se está consolidando. Ha pasado de 30 diputados en dos elecciones generales consecutivas, y desde hace más de un año todas las encuestas muestran una base de votos enormemente estable por encima del 12%, y con un perfil de votante muy reconocible. Por comparación el mejor resultado de Suárez con el CDS fue un 9% y 19 diputados en el 86. En Cataluña Inés Arrimadas es Jefa de la Oposición y en CC.AA. como Andalucía, Madrid y Murcia, el partido es llave de gobierno.

Dicho esto, la dificultad de consolidar un partido de centro liberal en España viene de lejos, y tiene que ver seguramente con la estructura de las clases medias. Luebbert lo achacaba en gran parte a la fractura territorial, que había impedido una alianza de las clases medias más fuertes de la periferia con las del interior antes de la Guerra civil. Después de la dictadura, UCD fue un proyecto de circunstancias, de notables. Rápidamente las clases medias urbanas fueron atraídas por el PSOE (en alianza con clases trabajadoras de la ciudad y el campo) y años después por el PP (con clases medias rurales, altos funcionarios, etc.). Es precisamente la ruptura generacional de esas grandes coaliciones de votantes lo que ha permitido el surgimiento de un nicho en el que ha crecido C’s: ante todo clases medias y profesionales urbanas por debajo de los 50 años. La particularidad es que el partido viene de Cataluña, donde tiene un perfil de votante algo distinto y que responde a la cuestión nacional más que a alianzas de clase. El reto ahora es ampliar esa coalición atrayendo a votantes de otros perfiles.

BEATRIZ BECERRA (EURODIPUTADA DE ALDE)

El ritmo político inusitadamente acelerado de los últimos años puede dar lugar a una falsa percepción de tiempos y logros. Lo cierto es que C’s ha ocupado en poco tiempo un espacio político de centro con un nivel de apoyo inédito en décadas. Según el CIS, a los españoles nos gusta especial y mayoritariamente autodefinirnos como de centro. Y liberales. La cuestión es, claro, que cada cual entiende esa definición de un modo diferente.

A lo largo del agónico bloqueo institucional del año pasado, yo diría que C’s aguantó bien el envite. Muchos votantes buscaron certezas y disposición a la acción, y C’s las ofreció, aun a costa de las críticas porque ello implicaba necesariamente moverse de sus posiciones.

Tener un líder bien valorado es importante, un buen punto de partida, pero no basta. Yo lo sé bien por mi etapa en UPyD. Una valoración positiva no implica que te voten, pero una negativa sí puede implicar que te no voten.

En mi opinión, la presencia de Podemos ha polarizado del debate, y creo que el PP ha sabido rentabilizarlo, en parte a costa de C’s. Pero Podemos está en su propia crisis, Trump y el brexit han cambiado el tablero y el futuro no está escrito. No va a ser fácil porque el sistema político sigue tendiendo al bipartidismo, pero creo que C’s está en una buena posición para tratar de convertirse en una opción de gobierno.

JORDI ROCA (DIPUTADO NACIONAL DEL PP POR TARRAGONA)

La aparición de C’s ha roto una dinámica democrática de las últimas décadas. Desde los años 80, Convergència era la fuerza que aportaba estabilidad a la política española a cambio de un comprensible laissez faire en Cataluña. En el momento en el que Convergència se quita la careta, C’s irrumpe como la fuerza que puede ser catalizadora de la estabilidad en España, apoyando al PP o al PSOE según las circunstancias. La estabilidad pasa de depender de una fuerza que va contra España a una fuerza que defiende el interés general y la igualdad entre los españoles. Conforme se vaya desactivando el método populista en España y el PSOE supere la crisis de la socialdemocracia europea, C’s será el mecanismo que nos permita una ¿segunda transición? tan estable y fructífera como la primera.

MARÍA BLANCO (ECONOMISTA)

Rivera, como político, aún no se ha manchado las manos, y es un poco el buen chico de la política. No da miedo, es moderado y centrado, no es estridente, y eso relaja, especialmente comparado con el otro nuevo del lugar, Pablo Iglesias. El partido, probablemente por razones parecidas, no se ve como muro de contención capaz de frenar a la horda de izquierdas, ni a los corruptos capitalistas de siempre (dependiendo de la perspectiva). Se vota al PP por miedo, o a Podemos por miedo y por incomparecencia del PSOE. El creciente parecido entre las medidas políticas del PP y el PSOE no han favorecido a C’s, que apenas puede diferenciarse. Con todo, esos votantes que le hacen estar el 4º son los que están hasta el gorro de PPSOE, se comen el miedo y votan a una opción templada.

 

KIKO LLANERAS (PERIODISTA Y ANALISTA POLÍTICO)

En España la dimensión izquierda/derecha domina la política y eso reduce el atractivo de los partidos centrados. En nuestro país los partidos de izquierda económica son también progresistas en cuestiones socioculturales; los de derechas son liberales económicos y conservadores sociales. Los ejes social y económico se pliegan en uno solo: por eso los partidos de centro aparecen en una zona indefinida y débil en el gran eje de disputa. Pasa con C’s y en cierto modo con el PSOE tras emerger Podemos.

No es una característica única de España pero sí muy marcada aquí. Además habrá más factores: la influencia del eje territorial o la poca práctica con gobiernos de coalición, que es un reclamo al voto polarizado.

ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ (ESCRITOR Y COLUMNISTA)

Lo explica Clausewitz, que es la politología por otros medios. Se trata del fenómeno de la escalada a los extremos, que afecta más, paradójicamente, al votante de centro. Vacío de ideas férreas, vota contra el extremismo que menos le gusta (el otro) y para contrarrestarlo se va al otro extremo. Quien vota a la contra no vota centro.

SANTIAGO ABASCAL (PRESIDENTE DE VOX)

C’s no cuaja porque mucha gente quiere certidumbres y no dudas. Estamos ante un partido que se moja en pocos temas, siempre que sean muy populares: lucha contra la corrupción, regeneración democrática, y mucho “España, España”, pero sin atreverse con las autonomías. C’s era un partido de transición, pero es una burbuja. Atrae a gente muy diversa que en cuanto profundiza no puede compartir el mismo proyecto político. Francamente, creo que lo melifluo, el pensamiento débil, no engancha. Puede tener un apoyo coyuntural, pero no cuajará. C’s es populista en el peor sentido. Sólo se atreve con lo que no genera controversia. Es el ultracentrismo, la nada. Cada vez más.

Han conseguido transmitir que defienden España en Cataluña (y lo hicieron un tiempo) pero no se atreven ni a pedir el 155, ni a querellarse contra los evidentísimos golpistas (criticaron nuestra querella), ni a defender la libertad lingüística real como derecho (han llegado a decir que se vote en refrendo).

ANTONIO GARCÍA MALDONADO (ANALISTA POLÍTICO)

C’s tiene problemas habituales en los partidos liberales, reformistas, similares a los que han tenido en Reino Unido o Alemania. Su crecimiento suele estar ligado a la crisis de los dos partidos grandes de un espectro y otro, hacen de bisagra en los gobiernos y, finalmente, sólo recogen el descontento generado por lo no cumplido. Los aplausos por los resultados se los suele llevar el partido grande. El electorado, una vez resuelta alguna crisis institucional, económica o política, tiende a volver a la normalidad. Esto es exactamente lo que pasó en Reino Unido y Alemania con los gobiernos de coalición, hasta el punto de hacer desaparecer la presencia parlamentaria de ambos. Así que los partidos liberales de centro asumen una trampa muy difícil de sortear: “Estoy porque hay una crisis de representación, la resuelvo, genero estabilidad y, por tanto, la necesidad de mi existencia se difumina”.

Creo que C’s tiene este problema estructural de los partidos liberales de centro y con aspiraciones institucionales. Supongo que por eso se resisten a entrar aún en los gobiernos. Sería el momento en el que, de alguna forma, se asume un techo electoral, su condición única de bisagra y no de partido de mayorías. Momento a partir del cual, según enseñan los casos de los países de nuestro entorno, empezaría a declinar su apoyo, por más gestión brillante que se blandiera. Yo comprendo que aún no hayan entrado en los gobiernos, entiendo sus razones.

Y en España tienen problemas particulares, coyunturales, indisociables de nuestra cultura política. Creo que C’s tiene un problema para crecer, además de por las razones estructurales propias de su ubicación ideológica, inverso al que tiene el PSOE para recuperarse: creo que es un partido con un perfil urbano, de clases medias con aspiraciones económicas, al que le cuesta mucho empatizar con la España que aún hace ganar elecciones. Básicamente, la que ha sostenido al PSOE en los gobiernos autonómicos, y la que ha dado el Gobierno al PP. Lo ideal sería que el PSOE les mandara unos cuantos políticos populares de provincias con perfil rural-comarcal a cambio de algunos dirigentes con perfiles urbanos y muy formados. Sé que es injusto, porque tengo buenos amigos dentro, pero C’s es percibido fuera de Madrid o Barcelona como un partido de centro-derecha lleno de técnicos y políticos pijos.

Y no es así, pero eso es irrelevante. Creo que contra esa percepción ha de trabajar C’s, y temo que no lo están haciendo. O C’s se centra (y tiene suerte) en buscar líderes populares y de perfil más PSOE en las autonomías, o lo va a tener difícil para mantenerse por encima del 10% cuando las circunstancias sean peores para ellos. Con un PSOE estable, y el PP renovado con Feijóo o De la Serna, la actual estructura de C’s me parece que tiene muy poco sitio. Todo va a depender también mucho de Cataluña, porque es un problema en el que C’s tiene un perfil muy definido que le concede mucho reconocimiento en el resto de España. Se tiene que dar prisa en conseguir implantación fuerte con perfiles diversificados antes de que las circunstancias cambien.Zona de los archivos adjuntos.

 

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