18 enero, 2018

Puigdemont carga contra la UE y el “fascismo español”: “¿Seguirán colaborando en el golpe de Estado?”

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La eterna lucha por la internacionalización del procés tuvo una de sus jornadas más extrañas en Bruselas. El bloque independentista, con el Govern cesado en primera fila, quiso denunciar al mundo el “fascismo”, la “falta de libertades” y la “violencia del Estado español”. Pero para ello optó por una estrategia llamativa: manifestarse frente a las instituciones comunitarias, arremeter contra sus líderes políticos burlándose incluso del tamaño de sus países y rodearse únicamente de “amigos” y aliados tan problemáticos como la ultraderecha flamenca, el Sinn Féin, la Lega Nord o Bildu.

Carles Puigdemont, sus cuatros consellers cesados, tres eurodiputados y cerca de 200 alcaldes catalanes llegados esa misma mañana en un vuelo chárter se levantaron contra la UE por su “silencio incomprensible”, cuando si algo ha hecho la Unión en las últimas semanas es hablar alto y claro. Los regidores acudieron a Bruselas para “internacionalizar la persecución que padecen los representantes políticos catalanes”, pero no mantuvieron ningún encuentro con ninguna autoridad y limitaron su actividad a una foto frente al Consejo Europeo y un acto, en familia, en el Bozar, un centro cultural en el centro de la ciudad.

La mañana tuvo un componente más festivo, con cuatro autobuses desde el aeropuerto dejando a la comitiva en el corazón del barrio europeo, donde un centenar de manifestantes con banderas de España los esperaba. El evento de la tarde era el importante, porque se esperaba la presencia de Puigdemont, ComínSerretPonsatí y Puig, en lo que apuntaba al primer acto de lo que se prevé una larga campaña electoral. Y así fue. Pasadas las 17.30, con más de media hora de retraso, llegaron los reclamados por la Justicia española. Hablaron todos. En español, catalán, inglés, francés y hasta alemán. Discursos sincronizados, exigiendo la “liberación de los presos políticos”, agradeciendo unos el sacrificio y otros el apoyo. Con gritos de “llibertat”, viscas a la república cada pocos minutos y un emotivo cierre con Els Segadors.

El foco estuvo muy claro todo el tiempo. “¿Es esta la Europa que quiere, señor Tajani?¿La que manda a un gobierno a la prisión? Juncker, Tajani, ¿aceptarán ustedes los resultados de las elecciones del 21 de diciembre? Si los ciudadanos siguen apoyando al Gobierno, al Parlamento que quieren un estado independiente, ¿seguirán ayudando al señor Rajoy en su golpe de Estado y la restricción de libertad? ¿Es esa la Europa que quieren?”, cargó el propio Puigdemont. “Juncker dice que no quiere ver Europa con 80 u 85 o no sé cuántos dijo pequeños países. ¡Eso lo dijo él, que viene de Luxemburgo, que es mucho más pequeño que muchas ciudades de Cataluña. Espero que cambie de idea”, afirmó el eurodiputado de ERCJosep Maria Terricabras. “Señor Tusk, señora Merkel no hay democracia”, clamó Ponsatí. “Escucha, Europa, escucha. Cataluña representa los valores sobre los que te tendrás que refundar para sobrevivir. Si no lo haces, no vas a sobrevivir”, advirtió Comín.

La euforia previa a la declaración de independencia, y los continuos viajes de Raül Romeva por el continente, hicieron pensar a muchos que el apoyo a la causa era masivo. Y tras las condenas al uso de la violencia el 1 de octubre, daban por hecho que la UE se posicionaría de alguna manera a favor del procés y la independencia. Pero nada más lejos de la realidad. “Pedimos a Europa que no mire para otro lado”, imploraron los portavoces de los alcaldes. “Los ciudadanos se preguntan por qué no hay reacción de Europa”, insistió Puigdemont. Pero lo cierto es que si algo han hecho las capitales, los Gobiernos, la Comisión, el Consejo y el lunes mismo el Parlamento Europeo, cerrando el acceso a sus instalaciones a los cinco reclamados por la Justicia española, es reaccionar. Han criticado el referéndum ilegal, ignorado la declaración de independencia, instado a “respetar el orden constitucional” y pedido directamente al ex Govern que no aumente la escalada.

Los casi 200 alcaldes se presentaron en un viaje exprés en Bruselas tras fletar un vuelo chárter desde El Prat. Con sus varas al aire y entre gritos de “libertad” y “presidente”, Puigdemont se abrazó con los presidentes de las dos asociaciones convocantes, la Associació de Municipis per la Independència (AMI) y la Associació Catalana de Municipis (ACM). El local, reservado por los eurodiputados independentistas (Ramon TremosaJosep Maria Terricabras y Jordi Solé), no es nada barato. Según las fuentes consultadas, el precio para un evento como el de ayer puede oscilar “entre los 7.000 y los 10.000 euros”, dependiendo del número final de horas facturadas.

Aunque en un primer momento uno de los portavoces aseguró que el Bozar lo habían reservado y pagado los diputados, estos lo negaron tajantemente. Y finalmente los regidores admitieron que correrían con los gastos. ¿También del viaje? “Cada uno ha pagado lo suyo” garantizó Neus Lloveras, alcaldesa deVilanova i la Geltrú y presidenta de la AMI. Pero como explicaron varios regidores durante todo el día, cada uno tomó la decisión de si cargarlo a los presupuestos públicos o abonarlo de su bolsillo.

Meritxell Budó, responsable de La Garriga, fue una de ellas. “Ha sido una decisión personal. En mi caso como vengo en representación de mi ayuntamiento he entendido que es un acto institucional, que estoy representando a mi municipio y a la institución que represento y en por lo pagará el ayuntamiento. La semana pasada estuve en Madrid y en ese caso convení que me pagara yo el viaje al entender que era una decisión personar estar acompañando a los consellers durante el juicio”, desglosó a varios medios.

Varios regidores de poblaciones pequeñas indicaron que habían “puesto 300 euros” cada uno y la organización se había encargado de todo. El vuelo fue fletado por la European Aviation. Según un portavoz de la compañía, los costes dependen del origen del avión, pero “para un grupo de más de 100 personas, el precio es bastante similar a un vuelo regular de una aerolínea comercial”. Apuntando para un viaje desde Barcelona a Bruselas a en torno a 200 euros por persona, así que entre 30.000 y 40.000 euros por trayecto por lo menos. Lo que sumado al alquiler de los autocares deja una factura total para la jornada que se aproxima a los 100.000 euros.

La parte de los aliados también es delicada. Puigdemont comenzó su intervención agradeciendo expresamente a los miembros de la N-VA, la derecha nacionalista flamenca, el partido más votado de Bélgica, “la solidaridad, amistad y compromiso” con su causa. En la sala, 250 personas sentadas, contando a los regidores, y decenas de periodistas, pero poca representación institucional. Algunos Eurodiputados, como Izaskun Bilbao, del PNVLidia Senra (Alternativa Galega de Esquerda). Matt Carthy, del Sinn Féin. Mark Medesmaker y Helga Stevens, de la N-VA flamenca. El esloveno Ivo VaglMario Borghezio, de la Lega NordJosu Juaristi, de Bildu. Y Gerolf Annemans y Barbara Pas, miembros destacados de Vlaams Belang, la extrema derecha flamenca.

Buscando la complicidad, y defendiendo ser “el presidente legítimo”, señaló que “de Felipe V a Felipe VI, desgraciadamente, nuestra historia está llena de suspensiones, intervenciones, de golpes de estado, encarcelamientos, persecuciones, prohibiciones.. pero la sociedad catalana ha salido reforzada, más decidida a defenderse”. Y atacó al Gobierno español con dureza. “El fascismo español, ayudado por el nazismo, fusiló a Lluís Companys. No lo vamos a olvidar (…) Hoy, en 2017, este fascismo, con impunidad total, participa en las manifestaciones convocadas por el partido del Gobierno de España. Esto es lo que hay ahora en España, esto es lo que hay ahora en el clan del 155″, zanjó en lo que todo el mundo interpretó como el primer eslogan de cara al 21 de diciembre.

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