18 enero, 2018

Razón y emoción en Bruselas

Teresa Giménez Barbat

En su estrategia de construcción nacional, filtrada ya en 1990, los nacionalistas se declaraban europeístas. Pensaban que una «Europa sin fronteras» reconocería a las naciones pequeñas y agraviadas como Cataluña dentro de un nuevo marco que jamás llegó a realizarse. Su intención nunca fue engrandecer la Unión Europea sino valerse sistemática­ mente de ella para hacer avanzar sus intereses.

Como resume un cuidadoso informe presenta­ do esta semana por Societat Civil Catalana (SCC) en el Parlamento Europeo, acerca de los déficits democráticos en Cataluña, los intereses naciona­ listas socavan la libertad ideológica al pretender convertir el nacionalismo en una creencia social obligatoria, cuestionan el derecho a tener una educación para la convivencia, incluyendo un indudable adoctrinamiento infantil y juvenil, y destruyen la seguridad jurídica que protege a los ciudadanos dentro del ordenamiento común español y europeo.

Por suerte, la sociedad civil se ha puesto en marcha para denunciar la propaganda, la desin­ formación y las falsedades que los separatistas han venido cultivando en las últimas décadas. El descaro de sus mentiras y su carácter casi psicotrópico, nos ha obligado a ser más proactivos defendiendo valores de concordia que dábamos por sobrentendidos. Ligando Cataluña con España y Europa, esta semana hemos tenido diversos actos en el parlamento bruselense. Fernando Savater presentó su último libro y le oímos exclamar: «Si triunfa algo como el secesio- nismo catalán, es el fin del proyecto europeo».

Como colofón final, antes del desembarco de la marea amarilla que cruza Europa como una fiebre de otros tiempos, celebramos la Constitución en la explanada del Parlamento en un acto organizado también por SCC cuya imagen para el recuerdo será la de Savater escuchando el himno de su país con la mano en el corazón. Para muchos, la más alta expresión de Razón y Emoción en el corazón de Europa.

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