19 noviembre, 2017

Se quedaron solos

Teresa Giménez Barbat

Hace muy pocos días los independentistas afirmaban vehemente que «Europa no puede permitirse el lujo de perder a Catalunya. Una vez seamos independientes se impondrá la realidad y todo el mundo nos reconocerá».

Ayer, como es sabido, los nacionalistas profanaron un templo de la democracia como es un Parlamento, y desde el hemiciclo del Parlament de Catalunya hicieron ver como si declararán la independencia de Catalunya. A continuación sometieron a millones de catalanes a la humillación de retirar la bandera española del interior del hemiciclo.

Así pues, desde ayer al mediodía estábamos en condiciones de vivir la profecía separatista y decenas de naciones a estas horas tendrían ya que haber reconocido a la República Catalana.

En realidad ha sucedido todo lo contrario. Siempre nos hemos quejado de la lentitud con la que las instituciones europeas reaccionan ante los aconteceres internacionales. La declaración de la independencia de Catalunya de ayer es la excepción.

Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo tardó diez minutos en hacer público su apoyo a la España constitucional. El posicionamiento de Tusk ha sido seguido por las principales naciones de la Unión y tanto el Gobierno alemán como el francés manifestaron su rechazo al acto unilateral perpetrado por Puigdemont y Junqueras. El Gobierno de Estados Unidos ha adoptado la misma posición mediante un comunicado del Departamento de Estado.

La independencia no tiene valor alguno si no es reconocida por nadie. Es importante recordar la promesa de reconocimiento internacional que realizaron los líderes separatistas porque en las próximas horas veremos como parte de la gente que quiere tomar la calle muestra su ira contra España, su gobierno y contra la población catalana, incluidos sus amigos, vecinos y conciudadanos no separatistas. Es una ira que será conducida hacia una dirección equivocada. Los independentistas deberían pedir cuentas a sus líderes, aquellos que prometieron riqueza, felicidad y reconocimiento internacional y solo han traído tensión, crisis y aislamiento.

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