19 noviembre, 2017

Tobeña: “La Cataluña independiente sería una Andorra ampliada y montserratina”

Adolf Tobeña nació en Graus (Huesca) en 1950.

“España ha errado en el diagnóstico de la crisis catalana por desidia y menosprecio”
“La intelectualidad española, desde la organizada hasta la no organizada, no ha respondido”
“Los que ahora son de ERC y la CUP antes fueron carlistas y franquistas”.

Hace un año, la eurodiputada Teresa Giménez Barbat, conocida antinacionalista, organizó una conferencia en el Parlamento Europeo llamada ¿Una sociedad enajenada? Una disección psicobiológica del secesionismo catalán. Uno de los oradores invitados, el psicólogo holandés Carsten Dreu, habló de los fundamentos neurobiológicos del parroquialismo. El otro conferenciante fue el catedrático de psiquiatría Adolf Tobeña (Graus, Huesca, 1950).

Adolf Tobeña nació en Graus (Huesca) en 1950.
Adolf Tobeña nació en Graus (Huesca) en 1950.

Dos partidos pidieron la suspensión de la conferencia. Fueron ERC y PDeCAT, que la consideraron “una manifestación de argumentos discriminatorios y antidemocráticos, propia de regímenes totalitarios, que busca deshumanizar a los adversarios políticos como paso previo a su liquidación, al tratarlos como alienados mentales”. Pero el análisis de la psicología de masas y de la consolidación del relato independentista entre los ciudadanos catalanes no tiene nada de discriminatorio ni de antidemocrático. Es sólo neurociencia.

Adolf Tobeña, cuyo libro La pasión secesionista analiza, precisamente, el auge y la consolidación del independentismo desde el punto de vista de la psicobiología y la neurología, me recibe en su despacho de la facultad de medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona. Resulta difícil deslindar el análisis científico que Tobeña hace del movimiento independentista, aproximadamente el mismo que haría un biólogo fascinado por la elegante destreza con la que las mandíbulas del tiburón despedazan a sus víctimas, de sus opiniones personales. Pero cuando le pregunto por ello su respuesta es fulminante. “No me malinterprete, el independentismo no me interesa personalmente para nada”. Aclarado queda.

Le he de preguntar por lo ocurrido ayer [la entrevista se hizo el día siguiente a la declaración de independencia en el Parlamento de Cataluña].

Es un episodio más de la opereta. Fue bastante previsible, porque ya hemos vivido unos cuantos episodios chuscos. Lo que tiene esto de interesante es cómo se puede pasar de inmediato de estar en las vigilias de un conflicto civil a vivir una representación bufa y sainetesca.

Ese libro que veo sobre su mesa, El mito del martirio (Adam Lankford) ¿es aplicable al independentismo catalán y su victimismo?

[Risas] No, no. No tiene nada que ver. Mi libro Mártires mortíferos está dedicado a los atacantes suicidas, que es un tema que aún no está resuelto. Este libro, El mito del martirio, es de un forense estadounidense que sostiene la tesis de que los atacantes suicidas están turulatos. Diversas aproximaciones académicas, entre ellas la mía, han dicho siempre que no hay ninguna alienación mental, con la excepción de algunos casos muy raros. Los comandos que llevaron a cabo los ataques del 11-S, por ejemplo, eran informáticos, de clase alta, con educación superior, habían sido entrenados durante años en capacitación de vuelo. Y ese es un conjunto de criterios que los saca de la alienación mental. Porque los locos, por definición, reducen inteligencia y la capacidad de ajuste a los requerimientos cognitivos de la vida ordinaria.

Y Lankford lo niega.

Lankford ha mezclado los terroristas suicidas con los tiradores solitarios, como este último de Las Vegas. Y dice “no, no, los que dicen que aquí detrás hay tácticas guerreras llevadas al extremo por motivaciones políticas o religiosas se equivocan, porque en realidad esta gente está trastornada”. Pero es él el que se equivoca. En los tiradores solitarios sin motivaciones ideológicas sí hay una frecuencia alta de trastornados, pero en los suicidas que forman parte de organizaciones o de células de combate doctrinal o ideológico no hay trastorno.

Es obvio que ahí el factor cultural es clave. Todos los suicidas profesan la misma religión.

No, no. No todos son de la misma religión. Los tamiles de Ceilán practicaban esta táctica reiteradamente sin ser islamistas. No está conectado necesariamente con la religión.

Volviendo a España, y más concretamente a Cataluña. ¿Se siente usted cómodo viviendo aquí?

No. Desde hace siete años, es un dolor vivir en la atmósfera que han creado los secesionistas. Han montado un movimiento que tiene características muy interesantes, pero lo han querido hacer hegemónico cuando en realidad sólo han captado a la mitad de la población. El resto de los ciudadanos han sido asediados, marginados, despreciados y silenciados. Y crear este tipo de ambiente hace la vida desagradable. Incómoda.

¿Lo ha sufrido personalmente?

Yo he sufrido, como muchos otros, campañas de señalamiento, de acusaciones de traición. Afortunadamente pasajeras. Pero sí, lo he sufrido personalmente.

Caminando por el campus he visto pintadas de ‘Trapero, mátalos’. La UAB es conocida como una universidad fuertemente nacionalista y controlada por la extrema izquierda.

La facultad de medicina es una isla dentro de la UAB. Uno ha de salir de ella y caminar por el campus, como has hecho tú, para ver esas cosas. Pero una vez entras en medicina, todo eso desaparece. Entre el profesorado y los investigadores la convivencia es buena. El trato es cordial y no se vive la tensión que se vive en las facultades de derecho, económicas, políticas, sociología, humanidades o periodismo. Aquí no. Aquí la vida es cómoda y cordial.

Ha dicho que el movimiento independentista tiene características interesantes. ¿A qué se refiere?

A que los especialistas en movimiento de masas lo estudiarán durante décadas. Han sido capaces de montar un movimiento que ha atrapado a dos millones de ciudadanos. Que les ha dado a esos ciudadanos un relato bien construido, con unos objetivos concretos. Que después han convertido en demostraciones controladas de presencia en la calle, de dominio de la calle. Demostraciones que eran al mismo tiempo cívicas, festivas y estéticamente sensacionales, y detrás de las cuales había grandes especialistas en publicidad, en marketing, en combinación de cromatismos y en motricidad de la masa. Y eso son cualidades estéticas y cívicas.

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