Yo estaba tan a gusto rendida al determinismo, y ahora resulta que podría volver a ser cierto aquello tan fatigoso del auto-control. Y lo aprueba, con sensatas objeciones, Steven Pinker, que es como decir el Papa de Roma. Lo comenta aquí, en una reseña que hace del libro “Willpower,” que el psicólogo Roy F. Baumeister ha escrito juntamente con el columnista científico del New York Times John Tierney. El trabajo se basa en una serie de investigaciones desde la neurociencia que demuestran que la voluntad es una especie de “músculo” que se ve reforzado con el ejercicio y la práctica. Y que hacerlo así puede mejorar nuestras vidas y hacerlas más equilibradas y felices.
Un experimento clásico es el que llevó a cabo el psicólogo Walter Mischell a finales del los 60 cuando concibió una serie de mortificantes tratos con niños de preescolar a quienes ponía a prueba con unos dulces. Les decía que si eran capaces de vencer la tentación inmediata de comérselos, les daría varios más. Si no lo hacían así, no ganaban nada. Y les dejaba solitos con el objeto del deseo en una habitación. Un concienzudo seguimiento en el tiempo que demostró que los que habían vencido la tentación conseguían mejores resultados en sus estudios, salud, relaciones personales etc.
En el experimento de Bausmeister, también se demuestra que el autocontrol, aunque desde luego con una gran influencia de la herencia, puede ser tonificado ejercitándolo. Así una serie de estudiantes fueron animados a controlar su alimentación, hacer ejercicio regular, “usar un ratón con su mano más débil” y –no se lo pierdan, muy agudo- hablar con “frases completas” y sin decir tacos. Después de varias semanas, los estudiantes eran más resistentes a las bajadas de su ego en el laboratorio y mostraban más autocontrol en sus vidas, fumaban menos, bebían menos y picoteaban menos. También veían menos al televisión, estudiaban más y lavaban más veces los platos.
La “fuerza de voluntad” en “Willpower” no es un misterioso “libre albedrío”, sino una circuitería cerebral que funciona con glucosa, tiene una capacidad determinada y opera según reglas que los científicos pueden dilucidar. No es una especie de fantasma en la máquina, sino parte de la misma máquina.
En fin, aquí hay algo sólido que puedo unir también a otras reflexiones y que puede ayudar a fortalecer al pez sabio que sin duda (bueno, alguna) tengo dentro.